El tiempo en el metro es relativo

El metro de Londres, el popular “Tube” es un submundo de pasadizos escaleras, andenes, con estaciones gigantescas como Kings Cross de hasta cuatro niveles. En semejante mundo, es lógico que las leyes de la Naturaleza que imperan en la superficie parezcan distintas. Una de ellas es el Tiempo.

Cada uno de los andenes tiene un marcador electrónico en el que se indica el destino del tren y cuánto va a tardar en llegar. Esto es muy útil ya que la espera se hace más corta, o por lo menos te resignas a esperar siete minutos. A veces el próximo tren va a tardar tres minutos. Así que lees los anuncios de las paredes, y vuelves a mirar el marcador para descubrir que el próximo tren va a tardar tres minutos. Crees que ha pasado tiempo, tal vez dos minutos, pero en realidad ha sido sólo un suspiro.

Sorprendido miras el reloj. Las 8:47. El tren finalmente llega, pero de alguna manera, tu reloj te dice que son las 8:52. Es increíble comprobar como esto pasa casi siempre. O como cuando entras en el metro para hacer un viaje que te debería llevar 25 minutos, y al salir, en el mundo real ha pasado una hora. O incluso al revés (aunque menos a menudo) llegas al trabajo o a la cita y no comprendes cómo es tan pronto.

La explicación es muy simple. La profundidad a la que está el metro de Londres lo acerca al centro magnético de la tierra, lo que perturba las ondas de tiempo ralentizándolas o acelerándolas de forma aleatoria. Una explicación más que plausible, creo yo.

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2 comentarios

Archivado bajo Londres, Tube

2 Respuestas a “El tiempo en el metro es relativo

  1. PAO

    Después de leer, supongo que debo agradecer vivir en una ciudad que no tiene subtes.
    Ahora me surge, por otra parte, pensar en cómo dependemos tanto del tiempo, a veces siento como que el reloj terminara diciendome qué debo hacer, exagerando un poco claro=).

  2. Si lo de las ondas magnéticas es cierto, eso pasa también en Barcelona, que para más inri está a tocar del mar (a menor altura relativa y por ello más cerca del núcleo). En la estación que hay cerca de mi casa sucede un fenómeno harto curioso: el reloj descuenta segundos, más o menos hasta los 00:40 sin problemas. Pareciera que va a llegar; pues no. Ni corto ni perezoso, sube hasta 01:00, y vuelve a descontar. Así tres, cuatro y hasta cinco veces, en días laborables (en festivos, he contado hasta diez “vueltas atrás”). Así que suelo contar dos o tres minutos más de los que marca el contador y listos.
    Qué razón tenía Einstein…

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