Archivo mensual: enero 2007

Cómo nacen nuevas palabras

Windows Vista ha sido presentado. «El Wow empieza ahora«. Al parecer fué un evento wow, con multitud de momentos wow, con correos electrónicos wow. Pero qué es wow?

No es una palabra nueva. Hace algún tiempo que circula. Pongamos que alguien te cuenta algo que te deja sorprendido, admirado, encantado, sobrecogido. Entonces dices «wow». Eso es!

Yo empecé a ver la palabra en páginas de tecnología, en las que por ejemplo se decía que cierto producto tenía o no tenía el efecto «wow». También en presentaciones, en las que la gente deía que habían habido tantos momentos «wow».

Es parte de esta tendencia a crear palabritas de sonidos. Como pulsar el boton del ratón. Eso no es «push», o «press», sino «click» porque es el sonido que hace el botón. Y va y la palabra nace. Yo la uso, debo admitir. Y luego se convierte en verbo. Y todos clicamos.

Pues pasará lo mismo con wow. De ser un adjetivo, pasará a usarse como verbo. Por ejemplo «Bill Gates wows the audience». Estoy exagerando? Pues haciendo un poco de investigación encuentro que la estricta BBC lo usa sin miramientos:

  • Critics wowed by ‘new West Wing’
  • Latino coming of age tale wows US
  • Diva wows crowd despite the rain

Será también de aplicación en español, igual que el «click»? Nuevo verbo: wowear. O quizás lo podemos hacer más nuestro: Guau! «David Bisbal Guauea ante una audiencia entregada».

Y por qué esperar a que sean los USA quien se lo inventes? Hagámoslo nosotros antes! Yo cuando veo fuegos artificiales siempre digo «oh!». Así que puedo decir: «El Bonfire de este año me ohó». O cuando abucheas a alguien gritas «U»: «Aficionados uean al jugador substituido en el minuto 73″. U otro más: La nueva comedia jajea audiencias de todo el mundo».

Olé la creatividad y la evolución de las lenguas!

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Qué es el «Tractor de Chelsea»?

Chelsea es uno de los barrios acomodados de Londres. Forma parte del Sur-Oeste y está literalmente sobre el rio Támesis, lo que facilita que haya edificios con su propia marina donde los residentes tienen su yate listo para sair a navegar. Recientemente este barrio está apareciendo en las noticias, y no sólo en las de sociedad o deportes. La causa, el «Tractor de Chelsea».

Resulta que en Chelsea, la media de habitantes con un estado económico privilegiado es superior a la del resto de Londres (añadiría, a la del resto del mundo). Esta gente ha desarrollado un gusto especial por los 4×4, esos enormes coches de grandes ruedas cuyo objetivo no es ser todo terreno, sino ser grandes. Para diferenciarlos se les llama «Salones Rodantes».

Alguien con un punto de sarcasmo, viendo su tamaño los comparó con un tractor, pero un tractor algo peculiar. Tengo mis dudas de si el individuo en cuestión había pasado sus vacaciones en alguna playa española escuchando el «Tractor Amarillo».

Semejantes masas de metal y lujo necesitan un tremendo motor para empujarlos, un motor sediento de gasolina/gasoil, lo que les ha ganado todavía un apodo más: «Gas Guzzling». El alcalde de Londres Ken Livingstone, quienes algunos tachan de excesivamente izquierdista, ha puesto esos coches en su punto de mira. No contento con la «Congestion Charge» que cobra a los coches 8 libras (€12 aprox.) por entrar en la zona central de Londres, amenaza con subirla a 25 libras (€36 aprox.) para los coches que generan más contaminación. Esto ha indignado a los usuarios de los tractores de Chelsea, quienes reclaman su derecho a utilizar su automóvil para desplazarse por el centro de Londres como cualquier otro usuario.

Y por si esta persecución no era suficiente, ahora el barrio de Richmond, otro de los barrios acomodados londinenses, ha aprobado multiplicar por tres la tasa por aparcar para los residentes. Y Chelsea parece estar querer seguir la idea.

Luego hay quien dice que los políticos están escondiendo su insaciable necesidad de dinero tras un disfraz verde, y que aprovechan esta moda del ecologismo para expoliar algo más a los ciudadanos. Sobretodo a esos que por su especial condición no pueden ir con un choche normal como todo el mundo, sino que deben conducir un enorme «tractor de Chelsea» por las retorcidas calles de Londres.

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La razón sin emoción no sirve de nada

Hace algunos años la marca de neumáticos Pirelli sacó una campaña con el eslogan «La potencia sin control no sirve de nada». Querían destacar que aunque lo que más resalta de un coche deportivo es su potencia, si los neumáticos, que son los que la transmiten al suelo, no son adecuados, la potencia es desperdiciada. Leyendo un par de artículos sobre la relación Razón-Emoción me he acordado de este eslogan.

Es un tema recurrente en las historias de ciencia ficción que el ser humano libra una lucha constante entre la Racionalidad que lo hace humano, y la Emoción, una reminiscencia de su pasado animal.

Tanto la Ciencia Ficción como la filosofía dicen que el objetivo del Ser Humano es dejar atrás ese lado animal y convertirse en un Ser Racional. Aquí es donde entran en juego los dos artículos que mencionaba al principio.

El primero es de la BBC (vía Jean Bedel), y dice que las decisiones tomadas puramente por intuición son más acertadas que las tomadas tras un breve momento de reflexión.

El segundo es de The Economist (enlace de pago), y dice que la Razón permite analizar una situación y todas sus posibles opciones hasta el más mínimo detalle, pero que es la Emoción quien toma la decisión. El ser puramente racional se quedaría ahí parado sin capacidad para reaccionar. La razón sin emoción no sirve de nada.

Ahí va un paradigma milenario hecho añicos.

Así que no es la Razón quien toma decisiones, sino la Emoción. Cuando hay que tomar una decisión rápida, lo mejor es dejarse llevar por la intuición o el instinto. Cuando hay tiempo para analizar no vale la pena engañarse diciendo «voy a decidir con la cabeza». Quizás sea en base a un análisis racional, pero la decisión la tomas con el corazón (o con el estómago, que al fin y al cabo, todo es Emoción).

Siempre he creído (en mi característica ingenuidad) que ante una encrucijada siempre sabemos cual es la decisión correcta, pero a menudo acabamos tomando la vía más segura, por evitar situaciones o por decidir con la cabeza. No se si estos dos artículos confirman mi hipótesis, pero creo escuchando a la vocecilla me voy a agarrar mucho más al camino que deseo seguir.

Propósito para 2007 (algo tarde): Ponerle más salsa a la vida.

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La City y las ex-esposas

Aparecía ayer en la prensa un artículo en el que se decía que las ex esposas tienen derecho a la mitad del bonus del ex-marido.

Un bonus es una cantidad de dinero pagado a fin de año en función de los resultados de la empresa durante el año. Y ahora estamos en época de bonus. Como indicativo, la gente se compra coches deportivos con los bonus o se va a esquiar a los Alpes suizos durante una semana. No son 200 eurillos.

Una reciente resolución de un juez dice que incluso si el bonus se concede tras el divorcio, la ex-esposa tiene derecho a parte. Y no valen los acuerdos pre-matrimoniales al estilo de la película de los hermanos Cohen «Crueldad Intolerable«.

Así que el consejo de los abogados ahora es no casarse.

Claro, antes de casarse el tipo en cuestión tiene que pensar que esa sabandija rubia le va a chupar la sangre cuando se divorcien…

Voy a dejar los comentarios jocosos, chascarrillos y demás para el amable lector.

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Palabras útiles en inglés: «Sorry»

Pensarás que no hay mucho que decir sobre esta palabra. Hasta un niño de cinco años sabe lo que significa «sorry». Y no es que tenga doble sentido, ni otras acepciones. Nada, es tal como parece: «Disculpas». Y tampoco puedo decir que se use de forma especial. Simplemente haces algo mal, y dices «Sorry». Pero lo que hay que saber sobre esta palabra no es su significado ni contexto, sino la cantidad de veces que debes decirla.

Todos sabemos de la fama de educación que tienen los ingleses. No es de extrañar entonces que cuando hacen algo mal o que puede molestarte, se disculpen de inmediato. Si vas andando distraído y te empotras contra alguien, inmediatamente hay que decir «Sorry».

Pronunciarla no tiene mucho secreto. Es tal como parece, con el añadido de dificultad de la doble R, para cuya pronunciación la lengua debe caracolear de manera algo contorsionística. Debo admitir que en más de una ocasión he dicho «SoRRy», con esa doble R al estilo de «carro».

El tema del que quiero hablar es que la palabra debe estar preparada en todo momento. Aquí si alguien se te cruza en la calle, enseguida te dice «sorry». Si en una calle estrecha y llena de gente alguien te da con la bolsa de la compra, de inmediato «Sorry» (bueno, excepto los Citymen, claro).

Esto sorprende al principio. Cuantas veces paseando por estos mundos me han arreado con la bolsa, me he tenido que apartar para no ser arrollado o me han pisado en el metro y no ha habido ni siquiera un intento de ver si me había dolido. Por eso, al llegar a Londres es importante saber que si haces algo de eso y no pides «sorry», va a ser interpretado como algo de muy mala educación. Es aquí cuando «Sorry» se erige en una palabra útil, puesto que te integra en la cultura.

Pero cuando vas paseando por la ciudad, crece en ti una extraña sensación. Si estás bloqueando la puerta del metro, alguien quiere salir y te estruja un poco, dice «sorry». Si súbitamente te detienes en la calle y alguien se aplasta tras de ti, te dice «sorry». Si te cruzas con todo el despecho en el camino de alguien y ese alguien tiene que evitar el choque, te dice «sorry».

En cierto momento empiezas a tener la sensación de vivir una situación surrealista, al estilo Monty Python. En más de una ocasión la culpa era mía, y antes de poder disculparme, la otra persona ya me había soltado el «sorry». Cómo que «sorry»? Pero si es culpa mía!

Dominar una lengua extranjera es una ardua tarea. Espero que encuentres tu cantidad justa de «Sorries».

Más frases, palabras y expresiones informales para el día a día en inglés pinchando en el link.

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Pequeños esfuerzos que hacen un mundo mejor

Gracias por leer este humilde blog. Quisiera hacerte una pregunta. Qué pasaría si te diera un céntimo por leer este post, y tuvieras que entrar en cierta página web para recibirlo?

Probablemente ni te molestarías. Y si recibieras un céntimo por cada post que has leido hasta ahora en tu vida y tuvieras que ir a recoger tu premio a una gran superficie? Bueno, ahí ya quizás te lo plantearas.

Ahora supongamos que recibes un céntimo por cada post que se ha escrito en cualquier lengua, desde el primer post, y sobre cualquier tema. Eso si sería un cambio en tu vida. Cuántos pueden haber? Al parecer hay 14,2 millones de blogs, o sea que la cantidad podría ser superior a los 20, 30 o 40 millones de euros. O incluso más.

Sin duda que la primera pregunta te hace pensar que un céntimo no es nada. Aunque la última te hace ver que un céntimo, encima de otro, y encima de otro puede ser mucho dinero.

Del mismo modo, asegurarte de apagar todas las luces que no usas en la casa, o apagar las pantallas de los ordenadores en la oficina para que no se queden en «stand by» puede hacernos pensar que «no vamos a salvar el mundo». Pero cuantos kilos de carbono se dejarían de emitir a la atmósfera si millones de personas hicieran estos pequeños esfuerzos cada día? Sería como dar un céntimo de tu dinero. No es un gran esfuerzo, pero es un gran beneficio para todo el planeta y para el futuro.

Es muy fácil decir que los políticos no hacen nada, que Bush tiene las manos atadas por las petroleras y no va a firmar el acuerdo de Kyoto, que los chinos son unos egoistas cuando dicen que ellos tienen derecho a contaminar igual que los otros paises han hecho hasta ahora. O incluso que de poco va a servir nuestro esfuerzo porque nadie va a hacer lo mismo. Esto no es un esfuerzo, es sólo fijarse un poco más al hacer las cosas. Y si en vez de ir diciendo que no sirve contamos a nuestros amigos y parientes lo que estamos haciendo, podemos cambiar algo.

Y ya sabemos que los políticos hacen cosas sólo si su sillón peligra. Ir a manifestarse a Davos no sirve de nada. Si mucha gente se conciencia en el uso responsable de la energía, al final van a reaccionar, ni que sea para hacer ver que entienden a la población.

El viernes fuí a una tienda donde venden bufandas, y la mujer estaba desesperada porque decía que no hay invierno. Resumo: una mujer que lleva una tienda de bufandas en el centro de Londres, en pleno mes de Enero, diciendo que no vende.

Algo está pasando y ya es hora de dejar de quejarse y actuar.

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Mañana alegre

Al despertarme tuve la sensación de que las nubes me deparaban una mañana oscura. Cual fue mi alegría al abrir la cortina y comprobar que mis expectativas se cumplían, y las nubes estaban ahí, densas y grises. Pero había algo más: una capa de nieve blanca cubría la calle, los árboles, los coches…

Me quedé disfrutando por un momento de la extraña sensación de calma que la nieve transmite cuando la ciudad está todavía dormida.

E inmediatamente empecé a brincar por la casa. Quería decírselo a mis compañeros de piso y salir a la calle en pijama a tirarnos bolas de nieve. Pero todos dormían todavía, y yo tenía que ducharme, vestirme, desayunar salir raudo hacia el trabajo y escuchar la llamada de la responsabilidad.

Yo no pedí hacerme mayor. Pasó de pronto!

Entonces hice oídos sordos a la llamada, agarré mi cámara y me fui a tomar algunas fotos. He llegado media hora tarde al trabajo, cantando, y con una sonrisa de oreja a oreja.

Aquí os dejo algunas fotos. Las demás, en Flickr.

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Más fotos aquí.

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Sugerencia de presentación

Los productos de comida acostumbran a tener una fotografía que los muestra en el plato, suculentos, de lo más apetitoso para que te hagas una idea de lo que puedes conseguir si lo compras. Pero la tradición de demandas anglosajona hace que en UK se llegue a situaciones algo ridículas.

Me refiero a que al pié de la foto siempre pone «serving suggestion», es decir, «Sugerencia de presentación». Esto ya es ir un poco demasiado lejos. Pero no me extraña. Hay mucho picapleitos suelto por ahí que seguro pondría una demanda diciendo que la foto lleva a creer que esa es la única manera de servir el plato, y que por lo tanto esa limitación le había impedido disfrutar de otras formas de presentación. Y claro, pediría una indemnización millonaria en forma de daños y perjuicios.

Aquí tenéis una foto para que veáis a qué me refiero:

Es un paquete de salchichas de cerdo con manzana. De gusto interesante porque la manzana las hace suaves. Debajo de la manzana de la foto, en letras blancas, podéis ver la leyenda «Serving Suggestion». O sea que todos quietos. Puedes servirlo como en la foto, pero NO estás obligado a servirlo así.

Un momento. Esto es un paquete de salchichas, no una bolsa de manzanas. No es que la foto sea una sugerencia, es que es directamente imposible! De manzana sólo hay unos trocitos minúsculos. Así que si yo compro el producto atraído por la foto, convencido que puedo servirlo del mismo modo porque pone «Serving suggestion», y resulta que no puedo. Eso es publicidad engañosa! A ver, los picapleitos del segundo párrafo dónde están. Les vamos a meter una demanda que se van a quedar tontos! Ya veo los titulares «Internautas hispanos ganan indemnización millonaria a gigante de los supermercados con demanda ridícula».

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Happy feeling

Antes de Navidad se me acumuló la faena y se me escapó. Pero cuando creía que ya no había opción, el sábado fui a ver Happy Feet, la película del pingüino que baila. Y vaya que me alegré de haberla visto!

Empieza de manera muy original, con la idea de la ceremonia de apareamiento al ritmo de «Kiss», usando canciones perfectamente contextualizadas como si fuera un diálogo. Y la aparición del pingüino Memphis es estelar. Para entonces, ya no podía parar de sonreír.

La película se puede ver a dos niveles, como la mayoría de las recientes producciones de animación. En el lado infantil pingüinos hablando, canciones y acción. En el lado adulto el humor, un repaso a mitos de la música y el cine de los 60’s 70’s y 80’s: Norma Jean (con su lunar en el lado izquierdo del pecho), Memphis, Gloria o Lovelace (quien sin duda se considera un «Sex Machine»). Hablando de música, el «Somebody to Love» de Queen es absolutamente genial.

Pero el Héroe es Mumble, quien es algo así como un «patito feo». Su primera aparición en que baila sin parar es un encanto. En cierta escena hacia el principio me recordó muchísimo a Billy Elliot (película imprescindible), cuando trata de demostrar a todos lo que es capaz de hacer.

Un pingüino bailando claqué. Bueno, eso no es nada nuevo: alguien recuerda esa memorable escena de Mary Poppins con Dick Van Dyke y los pingüinos camareros? Otra película de Hapy Feeling (por cierto, hay viento del Este hoy en Londres, muy inusual. Sólo falta la niebla gris).

Justo cuando la película parece perder algo de interés aparecen los «Amigos». Hacía tiempo que no me reía tan a gusto. Y el Mambo es de las escenas más positivas que he visto en cine. No había duda del «Happy» en el título.

Es curioso el papel que los latinos están adquiriendo en el cine de animación. Diego en «Ice Age», Ramón en «Cars», El Gato Con Botas en Shrek y ahora los «Amigos». Su forma de mezclar el inglés con el castellano es hilarante. Y el guión contiene chistes que sin entender castellano simplemente se escapan. Si podéis verla en versión original hacedlo, es realmente divertida.

[Spoiler. Si no has visto la película salta el siguiente párrafo]

Uno de los mejores momentos es la ceremonia de apareamiento de Gloria, una vez más con la conversación con canciones. Entonces aparece Mumble cantando la versión latina de «A mi manera», y mi sonrisa se hace todavía más amplia. Claro, cuando se descubre el pastel, Gloria le dice aquello de «Ain’t gonna work». Cómo podía ser de otra manera? Así es como reaccionan las chicas en este tipo de situaciones, no? Estaba equivocada. Más tarde se da cuenta de su error y quiere recuperarle. La escena en que él la rechaza es como una tragedia griega, con los dioses en forma de pinguïnos latinos comentando la jugada, y finalizando con la desternillante versión de «If you leave me now».

En cierto momento me di cuenta de que la sala estaba completamente repleta de niños. Esto fue en una de las escenas dramáticas, que viene seguida de un silencio. Era un momento muy estresante para un niño, y todos aprovecharon para comentar la jugada. Yo evidentemente hice lo mismo.

La segunda parte de la película creo que pierde algo el ritmo. Por lo menos el tono cambia. Me parece algo forzado, y creo que lo podrían haber solucionado de modo distinto, manteniendo el ritmo «happy». No es que no me guste el mensaje que transmite. Me gusta y merece post aparte, pero me sentí algo extraño.

Aunque no consigue hacerme cambiar la idea de que es una de las películas más felices que he visto, y que me puso automáticamente de buen humor. La música, las bromas, las canciones, la historia romántica, las coreografías, el increíble virtuosismo técnico, todo hizo que considerara más que nunca esconderme bajo la butaca y quedarme para la siguiente sesión.

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Andar como un broker de la City

Andar por la City sin chocar con una marabunta de gente es una custión de actitud. La City, el barrio financiero de Londres, y a la vez en centro histórico de la ciudad, tiene calles estrechas que entre las cinco y media y las siete se abarrotan de profesionales de las finanzas que se van a casa. Y esta gente se divide en dos grupos: los que andan en su camino y los que los esquivan.

Ya hablé un día sobre la estrategia rompehielos para andar en calles abarrotadas. Pero eso era aplicable a la ciudad de Londres en general. La City es distinta, como lo es la gente que anda por ella.

Dicen que para sobrevivir en el mundo de los mercados financieros hace falta tener personalidad y aplomo. Hay quien a falta de esto, lo suple con mala educación y desconsideración. Llamémosles «Citymen». Lo que nos lleva de nuevo a las concurridas calles de la City en las últimas horas de la tarde.

La mayoría de gente anda anárquicamente y sin seguir una ruta recta. Pero ahí están los Citymen. Se les ve de lejos. Van mirando al horizonte, como si su «Visión» estuviera más allá de los que el resto de humanos pueden concebir. Jamás van a concederte el privilegio de mirarte a los ojos. No estás a su altura. Y evidentemente no tienes derecho a ponerte en su camino.

Es una cuestión de credibilidad. Si al verlos venir sabes que ellos no se van a apartar, acabas apartándote tu. La cuestión es qué ocurre si por despiste o por andar pensando en tus cosas no te apartas? Pues que te vas a ganar un buen golpe en el hombro o un carterazo. No te molestes en girarte para saber qué ha ocurrido. Él ya está metros atrás y no va a girarse siquiera para esbozar una disculpa.

Pero lo peor es cuando llueve. Los Citymen utilizan los paraguas como si fueran una arma blanca. Los alambres de las puntas pasan zumbando junto a tu cara. Esos paraguas llevan un cartelito colgado que dice «Apártate de mi camino, perdedor». Uno de estos dias alguno va a tener que llevar su traje de Cityman a la tintorería sin esperarlo.

Aquí una visión alternativa a la teoría de la credibilidad

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