Archivo mensual: septiembre 2007

Una explicación detallada

Los periódicos son un servicio público. Su objetivo es mantener a la población informada, con todo lujo de detalles. Los periodistas sin duda trabajan duro para cumplir con ese objetivo.

Fíjate por ejemplo en el artículo de portada del jueves del thelondonpaper, uno de los periódicos gratuitos de la tarde en Londres. La noticia era que los conductores del metro de Londres, el “tube”, hicieron una huelga no programada por cuestiones de seguridad. Esta huelga no era como la de hace unos días, cuando paralizaron por completo la ciudad por dos días porque había rumores de que sus pensiones podían estar en peligro. En este caso estaban preocupados porque la “Dead man’s handle” (la palanca del hombre muerto) no funcionaba correctamente.

Quizás ahora tienes la duda de qué es esa palanca con tan raro nombre. Bien, dejemos que sea el periodista de thelondonpaper quien nos aclare la duda. Traduzco literalmente:

“La Dead Man’s Handle es un mecanismo de seguridad que los conductores deben mantener presionado para que los trenes funcionen. Si se suelta el freno, como por ejemplo cuando el conductor fallece, el tren se detiene”.

Ah! Ahora ya nos queda mucho más claro, verdad? Me pregunto si el ejemplo era necesario.

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Bis desapasionado

Ayer tuve la gran suerte de ir a ver el espectáculo “Estampas Porteñas”, que para atraer al público anglosajón subtitularon “Tango Fire”. Fue un completo espectáculo de Tango, con bailarines música y cantante todo en directo. Lo que me dejó patidifuso fue el final.

El espectáculo empezó frío. El cantante, un tipo de más de metro ochenta y sonrisa resplandeciente soltó “Mi Buenos Aires querido” como quien canta cualquier hit adolescente. Pero más tarde se fue entonando, terminando más que bien.

El cuarteto de músicos estuvo espléndido, integrados en el espectáculo e incluso haciendo algo de teatro. Y los bailarines eran espectaculares. La velocidad a la que movían los pies daba vértigo.

No voy a negar que era un espectáculo orientado a extranjeros, haciendo uso de los tópicos y que sin duda, si un buonaerense lo viera le sabría a prefabricado. Pero yo, que iba dispuesto a disfrutarlo lo disfruté.

Al final, el cantante salió a saludar, los bailarines salieron a saludar, y también los músicos. En plena ovación los músicos se miran entre ellos diciendo algo así como “una más”. Al darse cuenta, la gente aplaudió más fuerte y se prepararon para el bis. Hoy en día un bis ya no es lo que era. Es parte del repertorio. En este caso ni siquiera esperaron que el público lo pidiera.

Efectivamente el bis era parte del repertorio, porque fue un perfecto colofón. Y yo, que como ya he dicho iba decidido a que me gustara, me levanté para aplaudir, como algunos otros espectadores. Entonces se bajó el telón. Yo seguía en pié aplaudiendo y casi saboreando el segundo bis, que hoy en día también es casi parte del repertorio.

Al terminar de bajar el telón la gente dejó de aplaudir y empezaron a desfilar mientras se encendían las luces y un tipo decía algo por megafonía que no alcancé a escuchar. Y no alcancé a escucharlo porque yo todavía seguía en pié aplaudiendo esperando el segundo bis.

Todo el mundo dio por acabado el espectáculo. ¿Pero dónde están los aplausos interminables? ¿Dónde los gritos y silbidos? ¿Donde el patear el suelo hasta que el telón se levanta de nuevo?

Simplemente al ver el número final la gente decidió que aquello era por lo que habían pagado, y se marcharon satisfechos a casa. Nada de regatear bises. Fue como si me robaran parte de la diversión.

Ojo, no estoy diciendo que patear el suelo sea mejor. Es una forma distinta de vivir un espectáculo. Pero yo no me acostumbro.

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Test de inmersión inglesa

Acabo de volver de unas microvacaciones a casa. Volver a casa, y luego volver a Londres siempre provoca situaciones extrañas, sorprendentes. Pero esta vez estoy asustado. Cómo saber que tu inmersión inglesa está yendo más allá de donde hubieses osado imaginar? Por lo menos en mi caso aquí hay cinco hechos que cuando suceden en tu propia ciudad, te están mandando un mensaje muy claro.

  • Cuando vas por la acera pensando en tus cosas, no te vas hacia tu derecha intuitivamente para dejar pasar a la gente que viene de cara.
  • Cuando abres la puerta de tu casa y el vecino de enfrente lo hace a la vez, en vez de decirle “Buenos días” le dices “Oh, Hello!”
  • Al ver un partido de fútbol (después de tanto tiempo) cuando el delantero tiene la pelota no le gritas “chuta pedazo de animal!” sino “C’mon” (nótese no sólo la expresión en inglés sino también la falta de insulto).
  • Comes fruta compulsivamente como si nunca hubieses visto tanta fruta fresca junta, y nunca fueras a verla de nuevo.
  • Cuando al levantarte ves que hace sol sales a la calle, no importa para qué, no importa dónde, simplemente sales antes de que se nuble.

Hay algo, sin embargo, que me demuestra que mi inglesización no ha ideo más allá del punto de no retorno. Tuve la feliz idea de aterrizar en Heathrow. Para volver a casa decidí tomar la Picadilly Line del famoso London Underground. A mitad de camino, el tren se paró. El conductor informó que se trataba de una de las causas más frecuentes: fallo de señalización en Arnos Grove. En la estación siguiente nos echaron del tren diciendo que terminaba ahí, la gente suspiró un “oh dear” y salió del tren. El siguiente tren llegó rápido, pero los problemas persistían. Al llegar más cerca de Londres, íbamos como sardinas. Decidí dejar de leer mi revista porque no tenia sitio. Innumerables paradas en medio de túneles y esperas infinitas en las estaciones. Finalmente el fallo de señalización era en Wood Green (nuevo fallo?). Nos echan también de ese tren. La gente de nuevo “oh dear” y se salen. El siguiente tren tarda 15 minutos. La gente empuja y entra. Yo decido quedarme fuera con mi maleta. Al ver el siguiente tren lleno me voy, cojo un autobús, llego hasta otra parada de metro, tomo ese metro y llego a casa. Tiempo estándar: 1 hora. Tiempo real: 2 horas 40 minutos.

A todo esto, la gente estaba tranquila y paciente… a mi se me llevaban los demonios y tenía una cara que podría haber mordido. Los londinenses sufren el “tube” en silencio, como las almorranas. A mi me saca de quicio. Todavía no me he adaptado en eso.

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Crisis financiera y selección natural

Hace algo más de un mes, la peor crisis económica desde 1929 aparecía amenazante en el horizonte. Parecía que la famosa burbuja había explotado, y los precios de las viviendas iban a arrastrar en su caída al resto de la Economía. Al final sucedió que de explosión nada, pero fuera lo que fuera generó una crisis de crédito cuyas consecuencias todavía se dejan sentir.

Lo que pasó fue que el nivel de impagados con las famosas hipotecas “sub-prime” en USA creció demasiado. Eso debió haber afectado sólo a los bancos con este tipo de hipotecas en USA. Pero los bancos endorsan los créditos a otros. Pongamos que te debo 100 euros, o sea que tienes una obligación mía. Tu le das esa obligación a otro que te da 98 euros. Y así se va repartiendo por el Mundo. Por eso nadie sabía quien se iba a ver afectado por los impagados. Consecuencia: pánico en los mercados.

Como tu bien sabes, los bancos guardan sólo una pequeña parte de tu dinero. El resto lo invierten o lo prestan. En caso de tener que pagar una gran suma, si no lo tienen en sus cajas, se lo piden prestado a otros bancos en el “mercado interbancario”. El precio de los créditos es el interés, llamado “euribor” para Europa o “Libor” para UK. Con la crisis de las Sub-Prime, nadie sabía qué bancos estaban expuestos. Nadie quería prestar dinero a un banco que podía quebrar al día siguiente y nunca devolver el crédito. Y ahí es donde la crisis de crédito empezó, porque nadie estaba dispuesto a prestar.

Lo peor que puede suceder en una economía capitalista es la falta de movimiento. La Economía necesita que el dinero fluya. Que se lo pregunten al ex-presidente del gobierno español Jose María Aznar, quien se hartó de decir aquello de “España va bien”, intentando hacer que la gente hiciera correr el dinero, en vez de guardarlo para tiempos difíciles. La crisis de crédito amenazaba con extenderse al resto de la economía si la gente tenia una crisis de confianza y empezaba a prepararse para malos tiempos.

Ante tal situación hay dos opciones que los Bancos Centrales pueden tomar. El Banco Central japonés, el europeo y la Reserva Federal USA decidieron inyectar dinero en los mercados financieros para asegurarse que había suficiente para los bancos en situación urgente. Su estrategia era que pasado el peor momento, los bancos volvieran a prestar.

El Banco de Inglaterra optó por la segunda opción. El gobernador Mervyn King dijo que no iba a inyectar dinero. Su argumento es que los mercados necesitan pasar por malos momentos a fin de eliminar a los elementos débiles. En este caso los bancos que tienen demasiados riesgos caerían y al final de la crisis la Economía emergería mucho más fuerte. Inyectar dinero mandaría el mensaje al mercado que no pasa nada si se toman demasiados riesgos, porque el Banco central está ahí para salvarlos.

Y así fue como el Banco central inglés fue el único que no actuó desde un principio para evitar la crisis. La consecuencia ha sido que uno de los bancos ingleses, el Northern Rock, ha entrado en serios problemas. Al saberlo, la gente se ha lanzado en pánico a las calles y haciendo colas de horas delante de las sucursales del banco tratando de recuperar su dinero, lo que no le ha gustado demasiado al gobierno.

El Lunes el Ministro de Economía (Chancellor of the Exchequer), salió en rueda de prensa diciendo que el Gobierno y el Banco de Inglaterra aseguraban que los ahorros estaban seguros. Eso dispersó las colas el Martes, y la crisis entró en un periodo de relajación. Pero The Economist ha criticado tal decisión, puesto que sienta el precedente de cualquier banco dando demasiado interés o manejando mal sus reservas, será ayudado por el Banco Central. Genial! Si a ello le sumamos que ayer, cuando la crisis ya es alarmante, el gobernador del Banco central decidió inyectar dinero en el mercado, por segunda vez en una semana, podemos ver que ha conseguido lo imposible: sufrir lo peor de las dos opciones (crisis y sentar precedentes) sin ninguno de los beneficios.

No hay que pensar mucho para entender por qué todos los ojos se fijan en el gobernador cuando se buscan culpables para una crisis que nunca debió llegar a tales magnitudes.

Nota: ver comentarios, la discusión es muy interesnte.

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El ladrón sólo llama una vez

Hoy he sabido que a una compañera de trabajo le entraron a robar en casa, en West London. Bueno, no entraron exactamente. Y el ladrón mostró unas maneras algo infrecuentes.

El ladrón no aprovechó el fin de semana, ni tampoco la noche. Como es lógico, lo hizo a plena luz del día de un viernes, cuando es seguro que no hay nadie en casa, y tampoco en los alrededores.

Lo curioso del caso es que ni entró por la chimenea (como otros acostumbran a hacer en Navidad), ni por una ventana, ni se descolgó desde el techo. Entró por la puerta. Pero este ladrón tiene buenas maneras, así que antes de entrar tocó el timbre. Al ver que nadie venía a abrirle decidió forzar la puerta.

El caso es que mi compañera estaba llamando por teléfono, así que terminó la llamada y se dirigió a la puerta cuando vio a un hombre intentando forzar la cerradura. Afortunadamente pudo cerrar la puerta con llave desde dentro e inmediatamente llamar a la policía. Más tarde supo que el ladrón había robado al vecino, que evidentemente no estaba en casa cuando le tocó el timbre.

Aparte del susto, no hubo pérdidas materiales ni físicas. La pregunta es: ¿qué hacer al ver alguien de pinta sospechosa (o no) en la puerta? Si no atendemos, pueden asumir que no hay nadie y entrar. Si abrimos, el remedio puede ser peor. Cuando llame el timbre habrá que mirar quien es, y en caso de no querer abrir tendremos que gritar algo así como “ya pertenecemos a la Iglesia de la Cienciología” o “no compramos enciclopedias, aquí leemos la Wikipedia“.

Hay que tomárselo a risa… eso o ir al frenopático de cabeza.

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Persiguiendo ambulancias

Groucho Marx popularizó aquel chiste del abogado que estando en su oficina ve llegar a su asistente. Inmediatamente le suelta “¿Qué hace aquí? Creo que le mandé a perseguir ambulancias!”. Es un chiste sobre cómo los abogados anglosajones se agarran a un clavo ardiendo a la hora de denunciar. Y de ahí la paranoia de los equipos jurídicos de las grandes empresas. Par muestra, un botón.

Cadbury, la marca de chocolates que ha creado el controvertido anuncio del gorila, ha solicitado la devolución de miles de chocolatinas promocionales. Pero no es por baterías que explotan como con Nokia. Tampoco por ser tóxicos como Mattel. Ni siquiera por contener salmonelosis, como ellos mismos tuvieron que hacer hace unos meses.

La razón esta vez es que por un fallo de imprenta, las chocolatinas no llevan el cartelito de “contiene frutos secos”. A ver, ¿alguien alérgico a los frutos secos en la sala? Si es así, que vaya corriendo a las tiendas a ver si encuentra una chocolatina con frutos secos Cadbury sin el aviso que lleva frutos secos, que se la coma, que le salgan salpullidos por todo el cuerpo y que denuncie a la fábrica por no avisarle que la chocolatina con nueces llevaba frutos secos.

Aunque bien pensado, si el envoltorio dice “con frutos secos”, ¿no valdría eso como aviso? ¿O tiene que decir “Aviso”?

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Cuando el anuncio es (mucho) mejor que el programa al que interrumpe

Voy a escribir sobre este anuncio a pesar de que había decidido no hacerlo porque cuanto más lo veo más me gusta. Y es que son anuncios como este los que demuestran que a veces, la publicidad es mejor que los programas.

El tema es que estaba viendo ayer la TV. No tengo idea de qué era. Creo recordar que estuve haciendo zapping entre un programa de arqueología investigando los bombardeos nazi en East London, un reportaje sobre lo mejor del día en la Copa del Mundo de Rugby y el Inglaterra-Rusia de fútbol. En alguno de las series de anuncios (que siempre observo con atención) aparece… bueno, mejor échale un vistazo y luego seguimos

Cuanto más lo veo, más me gusta. El anuncio en cuestión anuncia el chocolate con leche Cadbury, la marca líder en el Reino Unido. Para que te hagas una idea, decir “cadbury” es como decir “chocolate”. Como has visto, es “simplemente” una versión “In the air tonight” de Phil Collins (el batería de la mítica banda inglesa Genesis), con un gorila tocando la batería. Y la pregunta es, ¿Qué tiene que ver que un gorila toque la batería con que yo compre una chocolatina?

No me quiero meter en terrenos que no son los míos, pero aún así puedo decir que hay dos maneras de anunciar: la que te da información sobre un producto, y la que simplemente intenta meterte la marca en la cabeza. Esa es la razón por la que una compañía líder del mercado como Coca Cola se gasta millones de euros cada año en poner su nombre en los estadios de fútbol. No te está contando lo sabrosa que es la bebida, sino que trata de asociar una serie de valores a la marca. Como la insoportable campaña de “La Chispa de la Vida” con toda esa gente feliz bebiendo su refresco.

Pero esta promoción de Cadbury no muestra la marca, ni el producto. La idea es que si te ha gustado vas a asociar la marca con algo positivo. Pero estoy seguro que la gente va a recordar el anuncio como “el anuncio del gorila”. Ninguna mención a Cadbury, lo que va a hacer pensar a los directivos que el anuncio fe tirar el dinero.

Y creo que no sin razón. Pero este es uno de aquellos anuncios que quiero ver. Ojalá hubiera más anuncios valientes como este y menos niños felices porque su ropa huele bien, tipos bailando porque han conseguido un seguro barato para su coche, o gente diciendo lo felices que son después de haber pedido un crédito para comprar una TV de tropecientas pulgadas. Como he dicho, no recuerdo qué es lo que estaba viendo, pero si recuerdo el anuncio. Queda claro qué es lo que tenía más calidad, ¿no?

Por eso, para que los directivos crean que pagar por anuncios como este vale la pena, quisiera informarte de que “el anuncio del gorila de cadbury” es muy bueno, y que este tipo de campañas funcionan.

Gracias a Chapitel por dirigirme al vídeo

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