Música por inducción

Lo que más me gusta de los locales de Jazz y Blues es el realismo. Acostumbran a ser pequeños tugurios donde las distancias cortas permiten disfrutar de una auténtica experiencia musical, relación directa entre los músicos y tu. Mi actitud era errónea.

El sábado fui a un pequeño concierto de Soul en un local de Jazz. Bajamos las escaleras (los locales de Jazz acostumbran a estar en el sótano). El lugar era pequeño, apenas 30 metros con el punto más alejado del escenario. El grupo, un cantante, guitarra eléctrica, bajo, batería y un percusionista.

Las primeras notas retumbaron en mi cabeza con violencia. Me di cuenta de la presencia de altavoces desperdigados por todo el local. Para qué? El local estaba perfectamente insonorizado, y la audiencia tan cercana a los músicos que podíamos verles las pupilas. Si bien guitarra y bajo necesitan un amplificador, los altavoces no son lo que uno espera de una sesión musical “íntima”. Escuchando música a través de grandes altavoces se tiene la misma experiencia en una gran sala o una sala pequeña. Los instrumentos y la voz llegan del altavoz más cercano, y son imposible de separar unos de otros. Qué sentido tiene? Pues lo tiene.

En una audiencia menor de 50 años, todos hemos sufrido atrofiamiento del oido musical sometidos a inacabables sesiones de discoteca hablando casualmente con un vaso en la mano apoyados en un altavoz de dos metros de altura vomitando decibelios. La música para nosotros no es algo íntimo. Si no está a un volumen rídiculamente alto no es música. Así que enfrentados a una sesión de blues (en este caso) en la corta distancia, no confiamos en las benevolentes vibraciones de la voz del cantante transportadas a través del aire electrificado por la emoción. Esperamos una llegada violenta. Que la música ahogue la ocasional conversación de la pareja de al lado. Que nos llegue por todos los sentidos. Casi por inducción. Porque no estamos acostumbrados a escuchar música, sinó a sentirla físicamente en el cuerpo. Y eso sólo se puede conseguir gracias a las bondades del altavoz.

Cierto que se puede perder algo la textura musical, la apreciación de cada uno de los instrumentos, la intimidad. Pero es lo que tiene el mundo moderno. Y no vamos ahora a empezar a criticarlo, no?

9 comentarios

Archivado bajo Mundo Moderno

9 Respuestas a “Música por inducción

  1. Pingback: Música por inducción

  2. gallega85

    Sirventés, que bien te llevarías con mi abuelo, era compositor, arreglista y percusionista especializado en Jazz y este discurso lo repite desde que se jubiló, algo así como 10 veces al día.

    Menudo par haríais

  3. Se debía sentir no solo con los oídos, sino también con el tacto, ¡toda una experiencia!

  4. A mi se me erizan los pelillos desde la cintura hasta la nuca y parece que me pellizcan el corazón cuando escucho según qué música….

    No sé si eso es sinónimo de vivir la música “en carnes propias”.

    Una amiga me dice que eso me pasa porque soy “rarita”. Y luego me regala una sonrisa y me da un beso sonoro en la mejilla.

    Nunca la he entendido. Creo que ahora ya si…. ;)

  5. Pues yo que quieres que te diga, para mí sigue siendo mucho mejor el escenario sin micros ni altavoces para el jazz. Recuerdo cuando estuve en el “Blue Note” de Nueva York dónde sólo había dos altavoces en toda la sala y era para captar esos pequeños detalles del bajo y el piano que se escapaban a los que estaban más lejos sentados. Por cierto, hace poco he estado en Barcelona en la sala “Harlem Jazz Club”, lo pasé en grande.

    Saludos!

  6. Rhamnus

    Música fuerte, lugares aglomerados, mucho ruido y poca conversación… Solía ir a sitios así en otros tiempos, siempre “arrastrado” por las circunstancias. Ahora, si puedo, los evito, aunque eso me cueste la típica crítica de bicho antisocial, etc…
    Me estaré haciendo viejo?

  7. Ah! El Harlem Jazzman… uno de aquellos lugares en los que puedes entrar sin saber quien toca y saber que lo vas a disfrutar… ahí no necesitan altavoces…

    Rhamnus, donde fui no es uno de esos. Todos sentaditos en mesitas. Te lo digo, las cosas cambian…

  8. Creo que lo del volumen alto cada vez lo trago menos. Me gusta mas charlar con musica de fondo. Por suerte, en los conciertos de Jazz a los que he ido, el volumen ha estado bastante decente. Eso si, todos han sido en la microescenario del Jazz Filloa de Coruña. Será que el local no admite mas decibelios??

    :D

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